El tiempo en: Aljarafe
Publicidad Ai
Publicidad Ai

Jerez

'Tierra de nadie', una película sobre una nueva, dura y violenta realidad

La película quiere entretener y transmitir un mensaje, y cumple ambos objetivos, aunque parte de la trama está cogida con alfileres en favor del espectáculo

Publicidad Ai Publicidad AiPublicidad Ai Publicidad AiPublicidad Ai Publicidad AiPublicidad AiPublicidad AiPublicidad Ai

Ha llovido ya mucho desde que Enrique Urbizu contribuyó a abrir nuevos caminos dentro del thriller que conducían, inevitablemente, al imaginario colectivo que todos hemos ido asimilando desde los años 80 en torno a los cánones marcados por Hollywood.

Hoy día, no hay thriller español que no compita casi de igual a igual con uno estadounidense, incluso con menos presupuesto. Ya sea por la estética, por el ritmo, por las historias, por los perfiles protagónicos, por el enorme avance técnico en la edición de cada una de las películas, el thriller español no tiene nada que envidiar al que se hace en otros lugares del mundo.     

Tierra de nadie es un nuevo ejemplo al respecto. Estamos ante una película en la que priman la acción, la violencia, la espectacularidad, los personajes, el atractivo de la historia, pero que, sobre todo, toca un tema de enorme actualidad, que podemos sentir muy próximo, aunque sólo sea a través de los titulares: el creciente protagonismo del narcotráfico en el sur de España, y con él la escalada de violencia en torno a los grupos y clanes que aspiran a copar el mercado, cada vez con más medios, asumiendo mayores riesgos, desafiando a las fuerzas del orden y aprovechando las posibles lagunas o beneficios legales del propio sistema judicial para seguir adelante con el negocio como si no pasara nada.

La película, de hecho, se ambienta entre Cádiz y San Fernando, y sitúa como ejes de la trama a un inspector de la Guardia Civil, Luis Zahera -qué bien lo hace todo este hombre y cómo ha ganado en presencia en la pantalla-, un pescador vasco que ha terminado dedicándose al menudeo, un soberbio Karra Elejalde, y un joven que ejerce de depositario judicial que sigue sin tener muy claro su futuro enredado por sus malas decisiones, Jesús Carroza -uno de los más notables descubrimientos de Alberto Rodríguez-.

Los tres casi meros supervivientes en un mundo que dista demasiado del que conocieron años atrás y que se empeña en pasarles por encima a través de la “profesionalización” -llamémosla así- del narcotráfico, regida por nuevas normas y nuevos grupos dispuestos a llevarse por delante lo que haga falta.

El filme de Albert Pintó destaca especialmente a la hora de establecer ese contraste y, desde el mismo, lanzar un mensaje que no sólo tiene que ver con esa nueva y violenta realidad, sino también con la de quienes se juegan su vida a diario para hacerle frente con menos medios de los que sería necesario. Una sensación subrayada con acierto en la secuencia del control en el puente de La Pepa y en el discurso con el que Karra Elejalde se reivindica frente a los nuevos señores de la droga.

Una pena que todo ese discurso narrativo esté muy por encima de una trama cogida con alfileres en favor del espectáculo y de un guion que tampoco ayuda a la hora de hacer más creíble algunas de las situaciones descritas en este buen thriller.

TE RECOMENDAMOS

ÚNETE A NUESTRO BOLETÍN